
Ayer tuve un sueño. Soñé que era Peter Pan, un Peter Pan que surcaba los cielos haciendo locas piruetas en el aire, dibujando risas y nubes de colores, en busca de nuevas victimas para sus juegos.
Soñé que tenia a mi lado a Campanilla y que juntos salpimentábamos a todo aquello que, en nuestras locas piruetas voladoras, nos íbamos encontrando.
Un fiero león, con un poco de polvo de estrellas de mi Campanilla particular, lo convertí en un peluche con sedosa melena. Un gran San Bernardo terminaba siendo un blanco muñeco con ojos tiernos como una gominola. Gene Kelly, que tuvo la desgracia de cruzarse en mi camino, y …¡zas!, quedó convertido en un perro de peluche con gabardina amarilla y paraguas.
Ayer soñé, que seguía siendo eternamente niña, que nunca crecería, viviendo en un mundo en que todo era de colores suaves y amables, con chispas que acariciaban mi piel haciéndome cosquillas. Ayer soné que la risa nunca me iba a dejar, que siempre estaría dibujada en mi boca, y que podría jugar eternamente con cualquier ser viviente, sin cansarme de reir y sin pensar en si le hacia daño con mis juegos y mis risas, solo quería jugar, reír y soñar, soñar, soñar.
Ayer soñé que el garfio del Capitán al final me atrapaba, y de un zarpazo Peter Pan caiga de las alturas, era una caída lenta pero que hacia zumbar el viento en mis oídos sin dejarme oír la voz de Campanilla que se desesperaba por no poder detener mi caída. Curiosamente, a pesar de la altura, la caída no me hizo daño, porque aterricé sobre algo blando y cálido. Me levanté, despacio, con miedo de mirar hacia abajo y ver qué era lo que había amortiguado el golpe y me encontré con los cuerpos de todos los personajes que habían sido objeto de las bromas y juegos de Peter Pan. De todos aquellos que habían sufrido sus risas, y que había ido abandonando por otros nuevos juguetes sin importarle cual habla sido su destino. Y Peter Pan se sintió viejo de golpe, viejo y cansado. Se sintió el ser más cruel de la tierra. Se miró en el espejo y vió que, lo que creia eran alegres y picaros ojos, no eran mas que ojos con una dura y cruel mirada...
Ayer murió Peter Pan, yo lo maté.
Soñé que tenia a mi lado a Campanilla y que juntos salpimentábamos a todo aquello que, en nuestras locas piruetas voladoras, nos íbamos encontrando.
Un fiero león, con un poco de polvo de estrellas de mi Campanilla particular, lo convertí en un peluche con sedosa melena. Un gran San Bernardo terminaba siendo un blanco muñeco con ojos tiernos como una gominola. Gene Kelly, que tuvo la desgracia de cruzarse en mi camino, y …¡zas!, quedó convertido en un perro de peluche con gabardina amarilla y paraguas.
Ayer soñé, que seguía siendo eternamente niña, que nunca crecería, viviendo en un mundo en que todo era de colores suaves y amables, con chispas que acariciaban mi piel haciéndome cosquillas. Ayer soné que la risa nunca me iba a dejar, que siempre estaría dibujada en mi boca, y que podría jugar eternamente con cualquier ser viviente, sin cansarme de reir y sin pensar en si le hacia daño con mis juegos y mis risas, solo quería jugar, reír y soñar, soñar, soñar.
Ayer soñé que el garfio del Capitán al final me atrapaba, y de un zarpazo Peter Pan caiga de las alturas, era una caída lenta pero que hacia zumbar el viento en mis oídos sin dejarme oír la voz de Campanilla que se desesperaba por no poder detener mi caída. Curiosamente, a pesar de la altura, la caída no me hizo daño, porque aterricé sobre algo blando y cálido. Me levanté, despacio, con miedo de mirar hacia abajo y ver qué era lo que había amortiguado el golpe y me encontré con los cuerpos de todos los personajes que habían sido objeto de las bromas y juegos de Peter Pan. De todos aquellos que habían sufrido sus risas, y que había ido abandonando por otros nuevos juguetes sin importarle cual habla sido su destino. Y Peter Pan se sintió viejo de golpe, viejo y cansado. Se sintió el ser más cruel de la tierra. Se miró en el espejo y vió que, lo que creia eran alegres y picaros ojos, no eran mas que ojos con una dura y cruel mirada...
Ayer murió Peter Pan, yo lo maté.

