lunes, 1 de septiembre de 2008

AYER SOÑÉ QUE ERA PETER PAN



Ayer tuve un sueño. Soñé que era Peter Pan, un Peter Pan que surcaba los cielos haciendo locas piruetas en el aire, dibujando risas y nubes de colores, en busca de nuevas victimas para sus juegos.

Soñé que tenia a mi lado a Campanilla y que juntos salpimentábamos a todo aquello que, en nuestras locas piruetas voladoras, nos íbamos encontrando.

Un fiero león, con un poco de polvo de estrellas de mi Campanilla particular, lo convertí en un peluche con sedosa melena. Un gran San Bernardo terminaba siendo un blanco muñeco con ojos tiernos como una gominola. Gene Kelly, que tuvo la desgracia de cruzarse en mi camino, y …¡zas!, quedó convertido en un perro de peluche con gabardina amarilla y paraguas.

Ayer soñé, que seguía siendo eternamente niña, que nunca crecería, viviendo en un mundo en que todo era de colores suaves y amables, con chispas que acariciaban mi piel haciéndome cosquillas. Ayer soné que la risa nunca me iba a dejar, que siempre estaría dibujada en mi boca, y que podría jugar eternamente con cualquier ser viviente, sin cansarme de reir y sin pensar en si le hacia daño con mis juegos y mis risas, solo quería jugar, reír y soñar, soñar, soñar.

Ayer soñé que el garfio del Capitán al final me atrapaba, y de un zarpazo Peter Pan caiga de las alturas, era una caída lenta pero que hacia zumbar el viento en mis oídos sin dejarme oír la voz de Campanilla que se desesperaba por no poder detener mi caída. Curiosamente, a pesar de la altura, la caída no me hizo daño, porque aterricé sobre algo blando y cálido. Me levanté, despacio, con miedo de mirar hacia abajo y ver qué era lo que había amortiguado el golpe y me encontré con los cuerpos de todos los personajes que habían sido objeto de las bromas y juegos de Peter Pan. De todos aquellos que habían sufrido sus risas, y que había ido abandonando por otros nuevos juguetes sin importarle cual habla sido su destino. Y Peter Pan se sintió viejo de golpe, viejo y cansado. Se sintió el ser más cruel de la tierra. Se miró en el espejo y vió que, lo que creia eran alegres y picaros ojos, no eran mas que ojos con una dura y cruel mirada...

Ayer murió Peter Pan, yo lo maté.

viernes, 22 de agosto de 2008

UNA RUBIA PELIGROSA

Era preciosa. Cuerpo bien proporcionado, piernas perfectamente torneadas, suaves hombros redondeados sobre los que caía su melenita rubia, natural. Tenia unos preciosos ojos redondos, grandes, como si tuviera una perpetua expresión de asombro, estaban sombreados por un rebelde flequillo que se empeña en asomarse sobre ellos para ver que escondían.


Bajaba la calle a todo gas, montada sobre su moto azulada, con una mirada de desafío y con los tirantes de su mínima camiseta deslizándose continuamente sobre los hombros, tenia un punto macarra que me hacia continuamente sonreír cada vez que la veía.Iba sin casco y los dedos del viento se entrecruzaban juguetones entre su suave cabello.


Yo la veía bajar todas las mañanas, sentada debajo de la sombrilla del café mientras tomaba el primero del día. Me tenía enganchada. Cada día esperaba con ansiedad que tras el recodo de la calle apareciera de pronto su figura para verla aunque fuera unos minutos. Tomando un sorbo de mi despertador diario suspiré con resignación, la rubia aparición se había vuelto una obsesión para mí. Ahora no podía mirarla sin preocuparme por no llevar al menos un casco, con el miedo de que pudiera derrapar en la siguiente curva y caer al asfalto, mirando hacia el otro lado de la calle por si veía aparecer algún otro conductor que pudiera poner en peligro a mi rubia obsesión. Bueno, me dije pensando casi en alto, esa nunca será para ti así que deja de obsesionarte, total solo necesitarías agregar 20 años a sus jóvenes tres.


En el fondo, me hubiera gustado tener una hija así, con el desparpajo de esos tres años, montada descaradamente sobre su moto y mirando al mundo con el descaro que solo los ojos de un niño tienen.