martes, 31 de marzo de 2009
miércoles, 21 de enero de 2009
EL FIN DE UNA LOCURA
Había sido una locura, lo sabia. Sabia que haber acudido a esa quedada en una provincia de la costa iba a suponer más de una desilusión, pero a pesar de ello no dudé en ir, me apetecía salir de Madrid, conocer nueva gente y ponerle cara a las frases cruzadas en un Chat.
Había sido yo la que en un momento de lucidez, o de locura, según se mire, había decidido dar por terminada nuestra ¿relación? Ni siquiera sabia ponerle nombre a lo sucedido entre nosotras durante los últimos meses. Relación tampoco seria la definición correcta, locura, mas bien era la palabra que continuamente resonaba en mi cerebro cuando tenía la sensatez de ponerme a pensar en ello de una manera coherente. Pero ¿no es cierto que una vida sin alguna que otra locura no podía considerarse vida?
Lo cierto es que esa sensatez que de vez en cuando me invadía, me había llevado a dar por finalizada aquella relación y a intentar retomar de nuevo la vida con mi pareja de toda la vida. Al final siempre queda un rescoldo que una intenta avivar a base de soplos, de aliento, con la esperanza de ver resurgir de nuevo la ilusión y la pasión.
Así que allí estábamos, las tres, porque mira tú que suerte, mi llamémosle “locura particular”, era de esa provincia costera y en cuanto supo que se iba a celebrar una quedada allí le faltó tiempo para llamarme y preguntarme si iba a ir y si nos podíamos ver un momento, como amigas, desde luego, tomando un café como en los viejos tiempos.
Acepté, claro que acepté, quería demostrarme a mi y a ella, la estabilidad de mi decisión, y quería convencerme a mi misma especialmente, de que hacia obrado correctamente, que así debían ser las cosas…
Me llamó al Hostal en cuando llegó de Madrid, yo estaba en la ducha y en un alarde de “aquí no pasa nada, y todo está dentro de la normalidad”, le dije a Maria, mi compañero de toda la vida, que cogiera el teléfono y que le dijera que bajaba en cuanto me vistiera y nos veíamos en el cafetín de la esquina de la calle. Cuando salí de la ducha pude notar que a pesar de haber cumplido con el recado, Maria se mostraba fría y distante.
- ¿Se lo has dicho?, le pregunté.
- Si. Tiene una voz muy joven, ¿no?
- Jajaja, claro que tiene una voz muy joven, solo tiene 23 años, es una cría. Me dijo en Madrid que cuanto llegara a la estación me llamaría porque no conoce a nadie de aquí. Si no te importa voy bajando y te esperamos en ese Café. En cuanto llegues nos vamos para la cena, ¿te parece?
- Vale, dijo sin mucho entusiasmo.
Cuando baje y la ví a través del gran ventanal del cafetín, sentada en una mesa mirando distraídamente su taza, mi estomago se encogió como sucedía antaño. El sol bajo de la tarde, que penetraba aún por el ventanal jugueteaba con sus suaves cabellos castaños que, rebeldes como su dueña, se escapaban de la pinza con que habitualmente sujetaba los sujetaba. El óvalo de su cara tenia una expresión todavía mas inocente que habitualmente, con lo que todavía parecía mas joven de lo que era..
“Señor, que joven es”, pensé. Seguía sin lograr saber como una mujer así, en la cumbre de la juventud y porque no decirlo, de cierto éxito social, se había fijado en una vieja como yo. Mejor no darle mas vueltas, me dije, ya ha terminado todo y solo tengo que tratarla como una vieja amiga. “Vieja”, jajaja, me reí para mis adentros, ese vocablo aplicado a Vero era lo mas cómico que jamás había pensado. En fin,, vamos allá.
- Hola niña, ¿has tenido mucho que esperar?.
- Hooooola, me dijo con su calida voz, cuanto tiempo sin verte, amor.
- No me llames así, por favor, le dije frunciendo el ceño. Sabes que no he venido sola.
- Jajajaja, relájate mujer, solo es una expresión ya sabes que se lo digo a casi todo el mundo.
- Bueno, pues mejor díselo al resto del mundo y no me la dirijas a mi, Vero, no quisiera tener mas jaleo del que ya tengo, por favor.
- Vale, vale, no nos vamos a pelear después de tanto tiempo, ¿verdad? Vamos a reír a disfrutar de la cena y ¿Quién sabe? Lo mismo yo también encuentro a alguien con quien terminar la noche.
Aquella ultima frase se clavó en mi estomago como si me hubieran dado un puñetazo en la boca del estomago.
- Si, claro, no creo que te vaya a costar mucho encontrar a alguien, hoy estas preciosa, -intenté decir, pareciendo lo mas natural posible.
- ¿Te parece?, -me dijo con esa sonrisa que ponía cuando estaba maquinando alguna diablura.
- No solo me parece, estoy segurísima que lo vas a pasar divinamente.
La conversación se detuvo bruscamente cuando una sombra cayó sobre nuestra mesa, era Maria que arreglada como una reina, acabada de acercársenos. Hice las presentaciones y ya desde instante supe que la noche acabaría malísimamente.
Y sí, la cosa fue de mal en peor, la frialdad se notaba a nuestro alrededor, y no era solamente por el frío ambiente de la ciudad y la humedad que se calaba hasta los huesos en esa noche, era mas bien una especie de halo que se había ido formando alrededor de las tres y que hacia que cualquier frase pareciera tener doble sentido.
Cuando llegamos al local de la cena, casi salté al cuello de las allí presentes, saludándolas efusivamente aunque no las había visto en mi vida; debieron de pensar que vieja loca era aquella que repartía abrazos a diestro y siniestro por todo el local.
La noche fue avanzando, los platos se sucedían y Maria se había ido uniendo a los distintos grupos alejándose cada vez más de nosotras. Vero, cámara de video en mano, iba rodando la crónica de la quedada como si fuera un cámara profesional. Yo hacia también lo mismo con mi pequeña cámara por el otro lado del local, cuando al final se quedaron ambas cámaras enfrentadas, ella bajó la suya y yo le dile “Eyy, Vero, saluda a la cámara”, ella me miró con picardía y al mas puro estilo Marilyn, me tiro un beso….
Me quedé paralizada. De hecho tuve la sensación de que se había paralizado todo el local, pero no, solo había tres personas paralizadas, Vero, Maria que nos estaba observando desde el otro lado del local, y yo.
En ese instante supe que la situación ya no tenía arreglo, que me había hecho la ilusión de que retomar la relación con Maria todavía era posible. No, ya nada podía ser igual, lo nuestro estaba acabado y bien acabado, lo había ido manteniendo creyendo que volveríamos a ser las mismas, pero ya no había ilusión, ni ganas, ni amor, iba a ser inútil seguir manteniendo aquella farsa.
La noche continuó, la cena terminó. No me pregunten que cené, que bebí, de qué hablé, ni como llegué a la discoteca de ambiente. En mi mente solo queda el recuerdo de mi corazón helado, muerto, cuando vi como Vero desaparecía por la puerta abrazada a la cintura de una rubia de largo cabello y ojos azules, no sin antes echarme una última mirada medio añorante, medio desafiante.
Plantada en un rincón del oscuro local, supe que en mi vida nada seria ya igual, y la zozobra, el miedo y la soledad se instalaron como ocupas en mi corazón
A la mañana siguiente me llegó un SMS de Vero que se despedía de mí con un “Amor, al final termine la noche con una rubia. Espero que tu noche haya sido tan amarga como la mía. Un beso”.
